Gregor Schneider

Diciembre 27, 2007 by talkingheads

Gregor Schneider

 

 

Mann mit Schwanz/man with cock, Rheydt, cast, mixed media (silicon, trousers, shirt, garbage bag), 21 x 186 x 70. 2004
The Saatchi Gallery

 

Hace varios años Gregor Schneider comenzó a transformar su casa de Rheydt, una ciudad del bajo Rin. Desde entonces trabaja sin interrupción en su obra principal: la casa “ur”, en la Unterheydner Strasse. Coloca paredes delante de paredes ya existentes, que freceuentemente tienen el mismo aspecto que las que están detrás. Schneider suele colocar materiales que amortiguan los ruidos (como planchas de plomo) bajo las parades que a continuación revoca. De este modo, las habitaciones se hacen capa a capa más pequeñas; cambian sus proporciones. También se constatan físicamente las consecuencias de un ambiente cada vez más opresivo sin conocer directamente sus causas.

 

 

Gregor Schneider

 

Debido a todas estas remodelaciones, el artista no está encondiciones de reconstruir el estado inicial de la casa. En esta hay una habitación que sin apenas notarse, gira lentamente sobre su propio eje.

 

En varias salas puede haber varias ventanas una detrás de otra; las lámparas situadas detrás de los cristales pretenden simular luz natural. Después de haber hecho esas injerencias arquitectónicas, Schneider hace fotos y videos de su casa; filma, sin mover la cámara, largas secuencias de los interiores también emplea una cámara de mano, con la que se mueve por la casa tropezando, lo que permite ver áreas intermedias por los demás invisibles.

 

Gregor Schneider

Claustrofobia

Una de las obras más fuertes en la última Bienal de Venecia es la que se presenta en el pabellón alemán, ganador del León de Oro a la mejor participación nacional, ha sido precisamente la de Gregor Schneider. Dentro del edificio de estilo imperial neoclásico, el artista (1969) construyó una casa convencional, de dos plantas, con un hall de distribución, escalera, puertas que dan a los distintos ambientes y ventanas que dan supuestamente al exterior. La visita podría terminar allí y sería sólo una interesante construcción arquitectónica de una casa dentro de otra. Pero cuando se intenta abrir las puertas, alguna está trabada, otra conduce a una habitación común y una tercera (muy pequeña, debajo del descanso de la escalera) conduce a un pasadizo oscuro por el que hay que entrar agachado. A partir de allí comienza una experiencia límite para el visitante, porque lo que Schneider construyó allí es un anexo clandestino, que en parte recuerda a la casa de Anna Frank. En esa hábitat claustrofóbico hasta la taquicardia, difícil de describir y casi imposible de recorrer (hecho de espacios sorpresivos, opresivos, ilógicos y laberínticos), el visitante queda atrapado en el espacio y en el tiempo. A través de huecos verticales y horizontales, falsas paredes, corredores estrechos y asfixiantes, y hasta pasajes por los que hay que arrastrarse, se descubren míseras pocilgas, ambientes que sirven de aguantadero, zonas pútridas, con objetos abandonados y elementos en descomposición -.entre ellos un símil de restos humanos-., las huellas de un crimen y de unaexistencia secreta. Una obra brillante y siniestra sobre el autoritarismo, que transforma a quien la recorre en un fugitivo –por momentos– y, en otros momentos, en un represor en busca de sus víctimas.

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